domingo, 21 de octubre de 2012

Correr



Un ejercicio de actuación: Correr.

La primera vez de mi vida adulta que corría me encontraba vestido con un equipito cómodo en el estudio del que sería mi maestro, Diego Starosta. Él se puso en frente de nosotros (sus nuevos alumnos), nos dijo “síganme” y empezó a correr. Yo no estaba acostumbrado a hacerlo. Cuatro años en una facultad de Filosofía y Humanidades hacen que tu posición natural sea estar sentado. Mi único recuerdo de correr era de cuando era pequeño, y estaba en el colegio, donde me obligaban a hacerlo los profesores de educación física. Me dolían las rodillas, me daban ganas de vomitar, me dolía el abdomen. “Dónde estoy, que estoy haciendo acá” pasó por mi cabeza ese día en el estudio de Diego Starosta.
Ese es uno de los principales problemas: la cabeza. Cuando corremos, nuestra cabeza corre en paralelo por territorios inexplorados. La mente a menudo nos dice cosas como “Basta”, “por qué estoy corriendo”, “por qué soy tan pretencioso”, “no es necesario hacer esto para actuar”, “mi maestra es una fanática”, “que hago en este lugar lleno de gente rara”, “hace mucho frío”, “hace mucho calor” y el clásico: “no me siento bien”, “estoy enfermo”. Estos problemas que nos trae nuestra mente, a la que le cuesta y se resiste a estar presente en conjunto con el cuerpo, son los mismos que tenemos a la hora de actuar. Es principalmente por esto que correr es un ejercicio de actuación.
Ahora veamos qué es estar presente.
El material es mi maestro. El ejercicio de “Correr” finalmente me va a enseñar las cosas que debo aprender si soy constante en la práctica y persevero, esto es lo principal y quizás lo único que hay que saber. Sin embargo podemos hablar sobre estas cosas especialmente para ayudar a los actores que odian correr y se ven obligados a hacerlo. Hay algunos actores y actrices que nunca se amigan con esta práctica. A veces esa enemistad se ve en el escenario.
Actuar es en gran parte jugar con la tonicidad de los músculos. Poner esta tonicidad en relación con el tiempo y el espacio es lo que da como resultado lo que solemos llamar “calidades” o “cualidades”. Al correr debemos tener cierto grado de tonicidad, al menos para no dañarnos las rodillas. Este creo que es el primer aprendizaje: aprender a pisar y a amortiguar. Esto también dinamiza la relación que tenemos con el piso. He visto compañeros que sufren mucho por este motivo y gastan su tiempo en quejarse sobre el ejercicio, en criticarlo, en vez de descubrir este simple secreto: “debo aprender a pisar, a flectar mis rodillas. Debo aprender a dominar mi peso” cuando un actor a descubierto a dominar el peso es capaz de convertirlo en energía.
Ahí, detrás de este pequeño aprendizaje -o al mismo tiempo- viene el siguiente: debemos estar conscientes de nuestro cuerpo segundo a segundo. Si no lo hacemos empezamos a sentirlo en nuestras manos y brazos que se tensan y cuando nos damos cuenta que nuestra mente se había ido a volar por ahí. Volvemos porque nos duele el codo, la muñeca o el cuello. Estando presentes, vamos a ir viendo que la construcción del cuerpo para correr es  más tónico en el centro y en las piernas que en las extremidades. Y no solo eso sino que podemos ir jugando con esto mientras corremos: Más tónico, menos tónico, relajado, dejando que nuestro cuerpo vaya dejándose llevar por el movimiento que siguen las piernas al correr, ir manejando el tiempo de nuestras extremidades  más lento que el de nuestra carrera.
Ahora, si estamos conscientes de estas cosas fundamentales, podemos descubrir otras. Hay miles de maneras de correr “como correría este personaje”, es una pregunta sencilla –casi obvia- que se nos puede ocurrir, pero corriendo nuestra imaginación puede ir más y más lejos. A veces cuando salgo a correr y hay gente me doy cuenta que cuando dejo las maneras “normales” de correr, capto la atención de la gente. A veces no hace falta gastar mucha más energía de la normal para llamar la atención de la de las personas. A mi me gusta especialmente cuando los hago reír.
Si vamos corriendo se nos pueden ocurrir mejores ideas, se nos puede ocurrir –por ejemplo- escribir un artículo que hable sobre la experiencia de “correr” en nuestro camino por el oficio de actores. También mientras corremos -acto seguido- podemos pensar que es una idea espantosa.