Un ejercicio de actuación: Correr.
La primera vez de mi vida adulta
que corría me encontraba vestido con un equipito cómodo en el estudio del que
sería mi maestro, Diego Starosta. Él se puso en frente de nosotros (sus nuevos
alumnos), nos dijo “síganme” y empezó a correr. Yo no estaba acostumbrado a
hacerlo. Cuatro años en una facultad de Filosofía y Humanidades hacen que tu
posición natural sea estar sentado. Mi único recuerdo de correr era de cuando era
pequeño, y estaba en el colegio, donde me obligaban a hacerlo los profesores de
educación física. Me dolían las rodillas, me daban ganas de vomitar, me dolía
el abdomen. “Dónde estoy, que estoy haciendo acá” pasó por mi cabeza ese día en
el estudio de Diego Starosta.
Ese es uno de los principales problemas:
la cabeza. Cuando corremos, nuestra cabeza corre en paralelo por territorios
inexplorados. La mente a menudo nos dice cosas como “Basta”, “por qué estoy
corriendo”, “por qué soy tan pretencioso”, “no es necesario hacer esto para
actuar”, “mi maestra es una fanática”, “que hago en este lugar lleno de gente
rara”, “hace mucho frío”, “hace mucho calor” y el clásico: “no me siento bien”,
“estoy enfermo”. Estos problemas que nos trae nuestra mente, a la que le cuesta
y se resiste a estar presente en conjunto con el cuerpo, son los mismos que
tenemos a la hora de actuar. Es principalmente por esto que correr es un
ejercicio de actuación.
Ahora veamos qué es estar
presente.
El material es mi maestro. El ejercicio de “Correr”
finalmente me va a enseñar las cosas que debo aprender si soy constante en la
práctica y persevero, esto es lo principal y quizás lo único que hay que saber.
Sin embargo podemos hablar sobre estas cosas especialmente para ayudar a los
actores que odian correr y se ven obligados a hacerlo. Hay algunos actores y
actrices que nunca se amigan con esta práctica. A veces esa enemistad se ve en
el escenario.
Actuar es en gran parte jugar con
la tonicidad de los músculos. Poner esta tonicidad en relación con el tiempo y
el espacio es lo que da como resultado lo que solemos llamar “calidades” o “cualidades”.
Al correr debemos tener cierto grado de tonicidad, al menos para no dañarnos
las rodillas. Este creo que es el primer aprendizaje: aprender a pisar y a
amortiguar. Esto también dinamiza la relación que tenemos con el piso. He visto
compañeros que sufren mucho por este motivo y gastan su tiempo en quejarse
sobre el ejercicio, en criticarlo, en vez de descubrir este simple secreto: “debo
aprender a pisar, a flectar mis rodillas. Debo aprender a dominar mi peso”
cuando un actor a descubierto a dominar el peso es capaz de convertirlo en energía.
Ahí, detrás de este pequeño
aprendizaje -o al mismo tiempo- viene el siguiente: debemos estar conscientes
de nuestro cuerpo segundo a segundo. Si no lo hacemos empezamos a sentirlo en
nuestras manos y brazos que se tensan y cuando nos damos cuenta que nuestra mente
se había ido a volar por ahí. Volvemos porque nos duele el codo, la muñeca o el
cuello. Estando presentes, vamos a ir viendo que la construcción del cuerpo para
correr es más tónico en el centro y en
las piernas que en las extremidades. Y no solo eso sino que podemos ir jugando con esto mientras
corremos: Más tónico, menos tónico, relajado, dejando que nuestro cuerpo
vaya dejándose llevar por el movimiento que siguen las piernas al correr, ir
manejando el tiempo de nuestras extremidades más lento que el de nuestra carrera.
Ahora, si estamos conscientes de estas cosas
fundamentales, podemos descubrir otras. Hay miles de maneras de correr “como
correría este personaje”, es una pregunta sencilla –casi obvia- que se nos
puede ocurrir, pero corriendo nuestra imaginación puede ir más y más lejos. A veces
cuando salgo a correr y hay gente me doy cuenta que cuando dejo las maneras “normales”
de correr, capto la atención de la gente. A veces no hace falta gastar mucha
más energía de la normal para llamar la atención de la de las personas. A mi me
gusta especialmente cuando los hago reír.
Si vamos corriendo se nos pueden
ocurrir mejores ideas, se nos puede ocurrir –por ejemplo- escribir un artículo
que hable sobre la experiencia de “correr” en nuestro camino por el oficio de
actores. También mientras corremos -acto seguido- podemos pensar que es una
idea espantosa.